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1. Reacciones normales de las personas afectadas:

Las palabras: la persona puede expresar su padecimiento a veces de forma incoherente o confusa. Es necesario expresar el dolor, decir lo que se siente.
El silencio: Otras personas muestran el dolor sin palabras, con la mirada, el silencio.
Los actos: Pueden expresar su dolor con agresividad, incluso con violencia.

Estas diferencias de reacción ante esta tragedia se explican o dependen del entorno y experiencias anteriores de cada persona (además del tipo de suceso acontecido).

2. Posibles estados ante un acontecimiento traumático:

¿Cómo reconocer en que estado nos encontramos?

Impacto o shock
Reacción
Reorientación

3. Sugerencias para padres. Qué decir y cómo

ESTADO DE SHOCK: se caracteriza por una elevada activación, ansiedad, e incluso pánico

Bloqueo en la capacidad de pensamiento (no entender que ha pasado, embotamiento) o acción (inmovilidad)
Reacciones de sensación de pérdida de control, estar viviendo la situación como si fuese un sueño o le estuviera pasando a otra persona Reacciones de negación del hecho y de la pérdida de un ser querido, e incluso mantenimiento de la esperanza aún teniendo la certeza del fallecimiento.
Falta de sentido en las acciones: incoordinación por la ansiedad, desplazarse sin rumbo, e incluso realizar acciones ilógicas, agresivas y/o peligrosas para la propia persona.
Reacciones fisiológicas o corporales: ojos vidriosos, palidez, temblores, vómitos, diarrea, sensación de asfixia (hiperventilación), vértigos, calambres, rigidez corporal,...

¿Qué hacer? y ¿Qué no hacer?

Acompañar en todo momento
Permitir expresión de emociones (dejar llorar, gritar,...)
Favorecer el desahogo emocional (preguntar, escuchar, no interrumpir, aceptar que la situación desborda)
Sugerir que se busque apoyos en otras personas y en su propio entorno
Controlar la inquietud excesiva y los comportamientos que puedan ser peligrosos para la propia persona y para los demás.
Actuar con calma (hablar despacio, en un tono de voz suave, mirar a los ojos)
Mostrarse cercano a la persona (contacto físico como mano en el hombro, en el antebrazo o incluso abrazar).
Reconocer la importancia del suceso
No juzgar ni minimizar (no hacer comentarios del estilo: “no te preocupes, no pasa nada”, “podía haber sido peor”, “entiendo cómo te sientes”,”ya veras como lo superas”...)
No dar excesivos consejos, fundamentalmente escucharle.
No decir cosas de las que no estamos seguros, o que no sean ciertas (“ya veras como los cogen”, “esto no va a volver a pasar”, “todo saldrá bien”, “con el tiempo todo se pasa”,....)
Intentar disminuir las reacciones excesivas(respirar mas despacio, movimientos más tranquilos, animar a que se mueva o hable si está paralizado,...)
Transmitir seguridad (tranquilo ya ha pasado, estás a salvo, estamos teniendo ayuda de mucha gente,....)
Atender a sus dudas y ofrecer alternativas ( ¿dónde está mi mujer? Ya la están buscando, como se llama,...)
Atender a posibles necesidades espirituales (por ejemplo si la persona quiere un sacerdote)

 

ESTADO DE REACCIÓN: se caracteriza por la aparición de sentimientos fuertes

Temor, pena, sentimientos de culpa recurrentes, vergüenza por haber sobrevivido, júbilo por no haber resultado herido.
Posibles formas de afrontar los sentimientos, que resultarían inadecuadas:

-Represión (callar u ocultar aquello que estamos sintiendo)
-Aislamiento (querer estar sólo y no compartir con otros nuestra vivencia)
-Reacciones infantiles y conductas agresivas

¿qué hacer?

Además de todo lo anterior ir ofreciendo información veraz según nos pregunten
Dar las malas noticias poco a poco. En caso de fallecimiento o de extrema gravedad de un ser querido mostrarnos cercanos, cálidos, expresar nuestro sentir hasta confirmar la mala noticia.
Ofrecer ayuda orientada a resolver cuestiones que le preocupen como: llamar a familiares, recoger hijos del cole, tareas pendientes,....)
Procurar ayuda material (comida, ropa, ....)
Mantener la ayuda médica oportuna aunque la persona no lo considere necesario
Procurar que esté permanentemente acompañada, incluso si se va a casa.
Permitir que narre los hechos para facilitar que reordene todo lo sucedido, siendo así menos probable que mantenga imágenes terroríficas.
Permitir momentos puntuales de distracción y escape sin incitar a la negación del suceso (por ej hablar de otros temas, salir del lugar,...)
Preguntar y favorecer la expresión de sentimientos acerca de lo ocurrido sin agobiar o interrogar.

 

ESTADO DE REORIENTACIÓN: supone un intento de volver poco a poco a la normalidad y aceptar e integrar el suceso traumático

Puede ocurrir y es normal que durante un tiempo aparezcan síntomas de los estados anteriores(nerviosismo intenso tristeza, llanto pesadillas, recuerdos invasivos de lo sucedido, sentimientos de culpa, rabia,...)
Además pueden aparecer pensamientos y recuerdos de la actuación que hizo la persona en el momento del suceso
Es frecuente evitar situaciones, conversaciones, personas, que recuerden de algún modo los hechos

TODAS ESTAS REACCIONES SON NORMALES PERO ES IMPORTANTE HACER COSAS PARA NO QUEDARNOS ESTANCADOS EN ESTE ESTADO. CADA PERSONA TIENE SU PROPIO RITMO Y TIEMPO NECESARIO PARA LA ACEPTACIÓN TOTAL DE LO OCURRIDO

¿Qué hacer?

Es muy recomendable participar en todos los actos organizados en torno al apoyo social a víctimas, y familiares (misas, funerales, manifestaciones, homenajes,...) Esto favorece la adecuada elaboración del duelo.
Recuperar paulatinamente la rutina diaria (trabajo, relaciones sociales, familia,...)
Normalizar, en la medida de lo posible, los hábitos cotidianos de sueño, comidas, cuidado personal,...
Retomar actividades agradables (ocio y tiempo libre).
No evitar situaciones, conversaciones, o elementos que nos recuerden el hecho traumático dado que esto hace que no terminemos de aceptar y afrontar lo sucedido.
Respecto a las reacciones emocionales adversas (ansiedad, recuerdos, sentimientos de culpa, rabia,...) puede ser recomendable el utilizar algunas estrategias para disminuirlas, tales como técnicas de relajación, distracción, respiración,...
Es muchos casos es necesario buscar ayuda profesional.
Puede resultar de utilidad el compartir nuestra experiencia con personas en la misma situación, por ejemplo, acudiendo a grupos, asociaciones,...

 

SUGERENCIAS PARA PADRES


Una situación difícil de afrontar es cómo dar la información a los niños para que asuman de manera adaptativa este tipo de situaciones. En muchos casos, estas circunstancias suponen una ruptura importante, que resulta especialmente de difícil de asimilar. Hoy día los medios de comunicación ofrecen mucha información a la que los niños pueden acceder fácilmente, lo cual puede generar confusión y magnificar su respuesta emocional.
Por tanto, resulta de especial utilidad conocer qué y cómo decirle a un niño lo que ha ocurrido.
Las reacciones emocionales que experimenta el niño pueden ser similares a las mencionadas con respecto a los adultos, pero, en niños pequeños (menores de siete años) puede no aparecer una respuesta emocional observable en un principio (ejemplo, cuando el niño tiene impaciencia por ir a jugar a pesar del fallecimiento de su padre).

 

Qué decir y cómo

Decir sólo aquello que el niño pueda comprender, dependiendo de la edad, adaptando el lenguaje a su nivel de comprensión.
Responder a lo que el niño nos pregunte. En caso de muerte de una persona muy cercana, hay que decírselo aunque no nos pregunte, estando muy atentos a sus reacciones.
Hablar con naturalidad y ofrecer la información de manera gradual, para favorecer la comprensión, evitando ofrecer excesivos detalles que hagan aún más dramática la información.
Es conveniente que la persona que comunique la información al niño sea la persona más cercana y con un vínculo emocional más intenso (madre, padre, o en su defecto hermano, abuelo,...)
No mentir. Evitar el uso de eufemismos o el adornar o maquillar la verdad para proteger al niño (ejemplo, no decirle que “papá se fue de viaje y tardará mucho en volver”, si realmente el padre ha fallecido).
A la hora de comunicar la muerte de un ser querido hacerlo poco a poco, explorando lo que el niño ya conoce y lo que piensa o teme. Fraccionando las noticias más graves de modo que lo pueda ir asimilando gradualmente, primero el atentado, luego que hay personas queridas heridas y por último que alguna ha fallecido.
En general, suele ser el propio niño el que marca los límites de hasta dónde debemos contar, bien porque pregunte más o porque cambie de tema.
No disimular nuestras emociones delante de los niños, permitiendo la expresión de los sentimientos, cuidando la forma y el contenido de la expresión para no caer en un exceso de dramatismo (ejemplo, no decir cosas ante el niño como “yo también me quiero morir”, “no sé cómo vamos a salir de esta”,...)
Nosotros somos el mejor modelo de cómo afrontar la situación traumática y la vuelta a la normalidad. En cualquier caso, hay que tener cuidado de que el niño no experimente con culpa el hecho de que sienta determinadas emociones (tristeza, angustia, rabia,...).
Ofrecer al niño siempre expectativas de que estas situaciones y los problemas que derivan de ellas se pueden superar.
Mantener con normalidad la dinámica familiar, retomando la rutina diaria habitual, con el objetivo de ofrecer al niño seguridad y confianza. Cubrir las necesidades básicas del menor, tanto en afecto como en instrucción y diversión.
Ofrecer al niño mucho apoyo emocional, para que se sienta querido y protegido.
Aceptar las reacciones emocionales que puedan aparecer en los niños (pesadillas, terrores nocturnos, conductas regresivas como hacerse pis en la cama, ansiedad de separación y miedos) sin caer en la sobreprotección (dormir con el niño, romper rutinas de uso de medios de transporte, visita de determinados lugares públicos,...). En definitiva, ayudar al niño a enfrentar sus propios miedos.
Si fuera necesario, ofrecer al niño información del suceso, aprovechando la ocasión para transmitir valores solidarios.
Evitar que el niño tenga acceso a imágenes escabrosas sobre el acontecimiento y que el único tema de conversación sea lo sucedido.